Noche
No quiero pedirle otra cosa
a la noche
más que su abrazo inmenso
su boca de abismo fraternal.
La luna hermana está partida
y es allá arriba mi corazón roto.
Tan fría, tan luminosa
que cada tanto se quiebra
todavía.
Por mi pecho pasa
el vendaval oscuro,
ese clamor de oleaje
que va y que vuelve
haciendo girar jaurías
lejanas, desoladas.
Contengo el aliento
me hundo en la angustia
profunda, mojada
densa como la noche.
Sólo su abrazo inmaterial
y mi alma
sentada en una piedra
en un claro de luna
desvelada, desnuda.
Sólo esta noche antigua
es capaz de cubrir
mi inquietud ancestral
mi condición de amante
que nunca ama.
Sal
Destejí la tela rota
del pasado.
Colgué de cada año
un jirón de adulterio
y me fui pisando
las piedras de la memoria
hacia adelante
hacia ese horizonte que porfía
con estar siempre adelante.
¿Por dónde tendré que seguir
para llegar a tu ausencia?
Es árida la verdad
que antes -ya no-
regaba con sal
sal de mis ojos
sal de mi sal!
... pero no salgas del todo
aunque sea mentira
aunque sólo me quieras
como un viejo recuerdo.
Tengo todavía entre las piernas
el signo de admiración
que me provocan tus noches
el énfasis traicionero
que delata esta impostura.
¿Cómo será el paraje
ese en que no estés?
Árido se me ocurre
regado con sal
sal de mis ojos
sal de mí, sal!
... pero no salgas del todo.
102
Sumé los números del boleto
y no me alcanzó
para formar tu nombre.
Seguí con las hojas en la banquina.
Cada una conté
contra el vidrio veloz
cada nervadura de cada una
hasta llegar a la autopista
y todavía me faltaron letras.
Agregué las tumbas del cementerio
los árboles del canal
el sol feroz...
En el puente tuve que cerrar la boca.
Tu presencia inminente
transmuta la lengua en salmón.
Como si la escupiera escapó
y remontó una aritmética
de voces parciales
hasta las fuentes del silencio.
Fuera de mí, trepando lejos.
Una papila abierta al gusto tuyo
en cada escama ondulante.
No te nombraba el pez rijoso
te lamía.
A cien pasos de tu puerta
salté al polvo inquieto
de la penúltima parada.
Deslenguado
derretido.
Después, ojos incautos
que vieron tu escote mojado
y quisieron gritar
como se grita de dolor o de placer
y hallaron que por la misma causa
de tu febril humedad
estaban mudos.
Ojos de Selva
Sucede al pie
del monte tucumano.
Las rejas de los ricos
amontonan pobres taperas
y entre el polvo de las calles
y las veredas tapiadas
no crece ninguna yerba buena.
En un rincón secreto
una mujer blanca
ojos de selva
hace guarida
contra las inclemencias
de la soledad.
Algunas noches se descuelga
de los altos barrotes
cabellera de batalla
mordedura carmesí
y procura relamerse en las alturas
pausadamente
o bajo muchos espejos
o en el asiento de atrás.
En cada ocasión
se guarda una joya
y vuelve por su cría dorada
a las mañanas
de anonimato barrial.
Pero cae el sol
y en sus ojos salvajes
entre murmullos verdes
arrebatos azules
de miel emboscada
un brillo afilado
en las penumbras veraniegas
protege los tesoros
de su valiosa blancura.
Una pura mujer
cubierta de pecas
se esconde en la coartada
perfecta
de sus manos hábiles
y su vida interior.
Algunas noches se suelta
acechante, feliz
de terraza en terraza.
Siempre se lleva al mejor.
Nido Abandonado
Crepita el sol en las chapas.
Por la ventana
el ojo verde del jardín me mira
ávido y luminoso
pero no le contesto.
Prepara una migración mi alma
atrasada
en pleno verano.
Ya se va
volando
y me quedo vacío
tejido de briznas
hueco
cascarón de barro.
Afuera el sol obliga y danza
absurdo, hipnótico
y siempre afuera.
Le doy la espalda
para adentro
lo ignoro
me doy al olvido
me repito el sonido lejano
de las lejanas bandadas
y aquí
en el árbol seco
de mi vida desalmada
sólo soy un nido abandonado.
Con el Puño
Tengo el puñado exacto de esperanza
para pasar estos excesos de angustia
angustia de que no alcance
y ninguna mano a mano
me rescate del pesar de la escasez.
Del calibre exacto de mi puño
el tamaño del optimismo.
Seguro que no basta conmigo mismo
pero sueño sin embargo
y todo sucede
desde el centro de mi propia locura.
Entonces el mundo parece un mundo
y al fin soy la criatura humana.
Con apenas el puño por esperanza
magnitud precisa de mi corazón
pretendo mantener a flote
la proa de mi vida.
Me contento con llegar a salvo
con la victoria me conformo
y si al menos un éxito total
obtuviera como prenda
poco me quejaría
de la suerte que me toca.
131
En colectivo viajaba mi vida
y yo, que no la manejaba
miraba hacia atrás mientras se me iba
naufragando la mirada
en el río del camino, siempre atrás
y los ojos verdes de un semáforo
clavaban en los míos
su fijeza de salvaje esperanza
y se iban hundiendo también
siempre atrás
y la distancia interponía
sus obstáculos, y un bosque
de follaje urbano los cubría
y en ningún momento
parpadeaban ni decían nada
sólo su luz de libre paso
perdiéndose a lo lejos
y cuando volvía a hallarlos
muy atrás, muy lejos
eran los ojos rojos del cambio
que quemaban mi retina
con su insolente stop!
Los Versos que te Debo
Miré mi corazón baldío
y vi que faltaban los versos que te debo
las risas que me diste como viento de cambio
las manos que dejaste en las huellas de mi piel.
Quise encontrar el capullo de mi alma
para dártelo en un beso feliz, definitivo
pero me puse a deshojarlo
un pétalo de dudas, otro de esperanza
hasta quedarme otra vez con el pecho vacío.
Debiera sacudirme la tinta de las plumas
y soltar en la garganta una paloma mensajera
emprender la conquista feroz de la distancia
someterte al cautiverio de los días que me quedan.
Debiera tenerte, como se tiene la certeza
de vivir cuando la vida es un jadeo.
Busqué la oscura pureza de tus ojos
lejanos como estrellas
y los hallé despiertos entre antiguas palabras.
El poema que me endeuda resiste la pericia
de mis torpes intentos
se me escurre de los dedos sedientos como el agua.
¿Te llegará mi voz, perdida en el gentío
te tocarán mis labios detrás de cada oreja?
Sólo tengo lo que soy, la hojarasca de mi alma
y este andar gitano, y mi corazón
mi viejo y pobre corazón baldío.
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