JOVENES PERDIDAS bloopers púberes

1989

Quiero libertarme amor, quiero poder.
Sumergirme, desahogarme, resurgir en vos.
Tenerte en los ojos otra vez
reanudando las aguas.
Vivirte amor, quiero vivirte.

Llegué tarde, tarde otra vez
y llegué desahuciado.
Yo, que invoqué el fuego
que clamé por el holocausto
que salí del incendio
con las velas quemadas.
Yo, que quise irme de mí
del hambre, del grito
que quise abolir las plumas y las garras
yo, que llegué tarde, que llegué a vos.
Es aquí amor, es ahora
la misericordia de la tierra está perdida
y el aire se agolpa en las gargantas.
Es aquí, amor, aquí
están mis venas gimiendo del espanto
del desborde.
Ahora, amor, ahora
estoy alzado en un grito de guerra
estoy perdido amor
estoy ahogándome en tu euforia.
No tiene puertas el mundo
ni tengo llaves
ni manos ni rastro ni palabras
me despojo de todo me apropio de todo
no hay esquirla de mí que no te quiera.
Pero me voy
me voy en la sangre volcada
me voy a invadir de retoños la herida
todo abierto, de luna a luna
por que acabe de menguar.
Me voy a preñar la tierra, la que piso
la que amontono en los huecos
me voy, me voy de fuego
de agua de viento
me voy amor, me voy, me he ido
a buscarte al fondo del silencio
a mirarte, mirarte hasta que caiga
la última estrella
a tenerte en las manos, de vuelta
rescatarte amor, y tenerte de vuelta
a redimir con vos la furia del suicidio
para volver, amor
amor, para volver...


1988

En un pasado pardo se reúnen los recuerdos
en la ardiente castaña en que aún no habían nacido
y otra vez te amo, inexorablemente.

Ya vendrán los caminos a surcarme los pasos.
Yo voy a darle mis manos a la siembra
y me van a crecer alas, porque te han tocado.

Volverán las jaurías a teñirse de sangre
cuando todo el canto halle la voz de la tormenta
y el ahogo va a quedar desahuciado en el grito.

Aquí, entonces, voy a ser espada arando
la ciega de tu estirpe, tu colecta, tu abundancia
y va a llorar el llanto y va a reír la risa.

Todo el dolor del mundo fue para parirte
pero ahora el mundo para arrullarte es caricia
y es para nutrirte la hogaza de mi pecho.

Te has coronado en mí, princesa de trigo oscuro
en mi alma desplegaste tu emblema de cielo fértil
y tus sonidos evocan a todos los pájaros.

Hay murmullo de hogar ardiendo en primavera
hay fragancia de racimos que redimen el invierno
y una leve caída de pétalos igual a un calendario.

Así, llego al claro remanso de tus días
y me desnudo la sed frente al ocre pudor del tiempo
y, como siempre, te amo, te amo para siempre.


1983
I

De hojas de higuera
de oscuros racimos
quiero adornar
el viejo cuenco del poema.
Quiero trocar en nido
sus mustias espigas
y reanudar su tierra
profunda y olvidada.
Quiero que sirva de fruto la poesía
que resurja algún día
de su entierro la infancia
y restablezca su reino
de colibríes y abejas
es decir: en las artesas
el vuelo del pan
y en tus suelos
la jornada febril de la siembra
¡Que sea el verso semilla peregrina
que sea golondrina
que busca primavera
y te descubra sirena
con el canto que reclama!
Te tengo el alma abierta y esperando
si eres nardo, acércame tu llama
si eres raíz, cobíjame en tus manos.


II

La espera tiene un verde
andar de vértigos
que nos llega con la jornada
y se nos queda madurando.
¡Vendimia te proclamo
de tan colmada de racimos
y no puedo agregar ni una espiga
a las que ciego!
Si tuvieran alas mis versos
quizás entonces anidaran
y le dieran al verano
la razón sangrante del trino
pero sólo tengo nidos
lluviosos y desiertos.
La espera canta un canto verde
y sigue andando
y te consagra en las calles
artesa peregrina
y el peregrino se olvida
que está descalzo
y te encuentra.
Quiere alzar altares nuevos
en las viejas catedrales
y librar a los trigales
del holocausto del pan.
¡Quiere vivir
y vivir como los lirios del campo
que ni Dios perfuma
como perfuma tu boca!
la boca de tus ojos ávidos
la esmeralda sedienta de dejar de esperarte
y arrancarme el disfraz del tiempo
en la verde desnudez de tu mirada.
La espera tiene un verde
andar de vértigos
y yo he vuelto a saltar
del balcón de la esperanza.


III

Corre el aroma entre los pies de los pinos
y por las copas fluye un río mansamente.

Qué incierta se hace la voz de los caminos
cuando sin norte tu voz me hace quererte.

Es como entregarse guiado por los vinos
este amor del corazón las manos y la frente.

En torno el viento sigue cosechando trinos
y sigue siendo fresca la mañana agreste.

No importa si me niegas el blanco de tus linos
o si callas la promesa de amar hasta la muerte

no cuenta que estés firme amarrada a mis destinos
no importa si se agotan los besos en tu fuente.

El viento calla y canta y traza signos
y en su idioma misterioso puedo verte.

¡Quiera embriagarte la tierra con sus himnos
o el cielo arrebatarte y poseerte!

La pradera el bosque los claros matutinos
quieran sembrarte la distancia y esconderte...

Nada importa que te vayas, nada importa desunirnos.
A otras manos, otro canto, a otro vuelo vete.

Yo en la tierra y en el viento quedo, y en los pinos
para amarte como un Dios: inmensamente.


IV

Caerá un pétalo en cada paso
que dé la turbia vida
y cuando quede vacía
la flor que lleva tu mano
habrá callado tu risa.
Cuando lloren los jazmines el rocío
y las noches, embriagándose de estrellas
hayan dormido al sabio y al poeta
podré gritar ¡estás conmigo!
Cuando encuentres abierto el postigo
de tu alma, que me bebe y me refleja
tomaré una capullo de cada primavera
y dejaré tu nombre en todos los caminos.
Si los besos palpitan encendidos
y la luz que se exhala se respira
es porque sangra el sol en su ocaso
y se lo lleva la brisa.
Pero si quedas sola y vencida
caerá un pétalo en cada paso
y estará callando tu risa.

Me crecerá una flor cada mañana
que crezca en el pecho tu canto
y el corazón abierto en mis manos
cubrirá de pétalos su infancia.
Cuando hayamos ordenado cada causa
y cada impulso apure los pasos
estaré en tu boca, en tu vida, en tus brazos
consumiendo y alargando la distancia.
Cuando la última revolución haya llegado
y para hablar no se precisen las palabras
en un crepúsculo de titilantes campanadas
haré infinitos el movimiento y el descanso.
Me crecerá una flor cada mañana
como hoy nos crece el canto
y el corazón abierto, en mis manos
gritará inflamado que te ama.


V

Tengo los ojos como un mar con sus gaviotas
como un crepúsculo: extensos y sangrando
tengo los ojos como dos ventanas rotas
que dan al patio polvoriento del pasado.

Los abrí y se perdieron en las minúsculas gotas
que penden en racimos del vacío constelado
y quedaron en sus cuencas profundas y remotas
como lecho de naufragios cada vez que hube amado.

Me quedaron suspendidos entre las pálidas motas
que viven del ocaso cuando el viento está callado
me quedaron abiertos como el pecho tras las cotas
después de la batalla que el tiempo le ha librado.

Tengo en los ojos un arpa y con sus notas
el recuerdo se ha dormido como el rocío en el prado
tengo en los ojos como un mar con sus gaviotas
y a lo lejos, levemente, alguien lo está navegando.




Como una mujer de colinas perfumadas
se extiende desnuda sobre el campo despierto
la esperanza del verde, el arroyo y las guirnaldas
han venido a poblar el paisaje ayer desierto.

No es la candorosa primavera con sus hadas
es algo más grave que el color y que el contento
es como tornar en arados las espadas
y de un golpe fecundar un suelo que había muerto.

Nos es ajeno setiembre, después de las heladas
para el bosque es el calor, para el prado, para el huerto
nos es ajeno el amor que brilla en las miradas
es de los trinos liberarse, es del cielo andar abierto.

Pero está ausente en estos cielos, estas tierras enjoyadas
lo que otorga al ser el alma, el contenido, el sustento
está usente tu arribo a las colinas perfumadas
de este océano ilusorio en yo soy como un puerto.


VI

Si pudiera tu clama ordenarme las cosas
si volviera a tu silencio mi nombre mutilado
cuántas veces perdí mi verso entre tus prosas
cuántas otras hallé tu verso enamorado.

Se aleja el día gris tras las copas lluviosas
de los sauces que suspiran después de haber llorado
y se alzan las almas azules y brumosas
del campo y la laguna, del bosque, del cercado.

Me nombran y me esculpen tus manos en las losas
que todo alrededor con sus cruces han brotado
y hasta puedo sentir el perfume de las rosas
que a mis pies deposita un ángel enlutado.

¡No me llores tu luz, no me abras tus fosas
que no vine en tu busca para quedar enterrado!
Tengo un jardín con cien mil mariposas
y siento que se acerca el invierno más helado.

Quise que tuviera las flores más hermosas
quise que temblaran las alas a mi lado
un velero quise, quise estelas azarosas
como los rasgos del lecho después de haber amado.

No me culpes si olvidé la tierra en que te posas
se olvida siempre la tierra cuando se teme al arado.
Me embriagan tus pasos de voces silenciosas
en el negro camino del cielo abovedado

pero crecieron en mi alma espinas dolorosas
que bullen y se agitan en el pecho destrozado
¡Rescátame noche que, trémula, me rozas
no quiero que el alba me sorprenda escapando!

Se llora a la espera de que crezcan las rosas
y se llora al dejar el rosal abandonado.
Como redes crecieron, crecieron como esposas
y yo por no dañarlas las seguí cultivando.

Extiende tus alas oscuras y sedosas
ábreme tu cuerpo frío y desvelado
que te quiero sacar del misterio en que reposas
quiero desnudarme de mis lazos a tu lado.

Pero voy a dejar a mis tristes mariposas
y a la selva de recuerdos que tanto he cultivado
voy a dejarles mis manos, sangrantes y celosas
sólo porque las cuiden, en mi ausencia, del pasado.


VII

Incierto tiempo que los árboles deshoja
enfría el cielo y el crepúsculo prolonga.

El lago tiembla, canta y se sonroja
el lago espera tenerme entre sus sombras.

Eran pocas las veces en que te buscaba
como si supiera que infinito es pocas veces.

Podría ser un sueño que hoy te marchas
pero no, no sería entonces esta noche tan leve.

Hoy no es un día, hoy no corren las horas
hoy es cada vez que pude verte.

Nos acercamos para poder alejarnos
como los fríos y azulados trenes.

Cae un pétalo, en silencio, sin movernos
le pregunto ¿las flores también mueren?
y con el mismo silencio me responde
comenzamos a morir cuando nacemos.

Baja al lago profundo la profunda luna
el lago espera, para siempre, inútilmente.

El otoño y tu partida me habrán vuelto
a los mustios y desiertos andenes.

Estaré solo, inmóvil, esperando
mientras crezca el invierno indiferente
y un día, como todos, que no llegues
contaré lo pobre y vacío que he quedado.


1982
I


¿Qué puedo decirte?
que eres nardo luz y oro
y creces, creces, creces cantando
y cantando vas verde creciendo.
Y es malva y celeste la tarde
con un vuelo de jazmines y de incienso
es casi vivo el silencio...
¿Qué puedo contarte?
que dormitan los pinos con el viento
se encienden y arden
que el momento es eterno
¡y eres nardo verde y oro
y creces, creces, creces cantando
y cantando vas siempre creciendo!
¿Qué puedo quererte?
Sí, te quiero, y es que el verso
en este sur, este universo
es vida vuelo presente
es rebelión y yo te espero
con las manos cantando desde el suelo
con la tierra sugiriendo siempre.
Ah estrella, puedo verte
todo lo blanco, lo nuevo lo todo
pero te niego, y cierro los ojos
y lo blanco todo, todo lo leve
es nardo, nieve y lo deshojo
como estrellas por dentro
y las lloro
pero tú...
tú eres ala, luz y oro
y creces, ríes, creces cantando
y cantando vas, verde, riendo.


II

¡Tanto te he esperado
y llegaste tanto!
Cómo he deseado la sencillez
de tus crepúsculos largos
todo malva jazmín y oro
y tu belleza, tierna y tanta
sobre mis húmedos ojos.
Cómo he soñado la desnudez...
igual de desnudo que el campo
todo en flor, todo estallando
siempre tanto en mí y en vos.
Pero sos inmensa y frágil
fresca, verde, brisa, estrella
sos tarde azul profunda
y me colmo, me inflamo, me llena
y me derramo.
Las lágrimas son miel, rocío son
¡cómo las he madurado!
Me cubren, luz y almíbar, toda la piel
que me ha brotado de lirio y laurel
por querer abarcarte, correr, besarte
los brazos abiertos
por querer estar siempre despierto.
Y sos infinita
como el lago, como el cielo
el siempre, el retorno, el momento
sos el oro efímero, el supremo
ser que embellecer reclama.
¡Tanto te he esperado!
y hoy te vi, vi que llegabas
y el júbilo pudo más
me hinchó, me inflamó su llama
y en el aire rojo y sol
que débilmente me alza estallé.
Cómo te he deseado
y hoy te amé, primavera
hoy me amas.


I - Hija del Sol

¡Concede, que la tierra lo reclama!
y lo reclama la tarde
y el oro de la nube en la mañana
y el color que en la rosa arde,
lo pide la voz del río, que canta
y el torrente celeste de las aves
el lirio, el laurel y el malva
el verso leve y el grave
el mar y el cielo, la nada
la soledad, la brisa suave
si hasta la misma noche lo reclama
¡concede!
y consiente que yo reclame.

Convocó el Sol toda su magia
y se mostró, y nos miraba
yo clamaba, y nos oyó.

El cielo abraza y la tierra pide.
Cien mil miembros de luz desnudos
se inflaman se encienden viven
le mojan el verde, la desvisten
y en el vientre son como lirios profundos.

La tierra pide y el cielo es suyo.
¡Ay amores! se humedece, gime
se abre, se agita y el profundo
seno recibe como a la luz lo oscuro.
Trueno y arrullo, culminan y conciben...
Te conciben.


II - La Luna Blanca

Frágil y hermosa, lágrima
pétalo suave, furtiva gaviota
profunda, tierra y luz, serena
transparente, arena, oscura
mar, blancura, noble, madera
noche, eterna y pura
hermana y amiga, cobre
nombre, silencio, sonrisa
no puedo hablarte pero te canto
y no me ves y entretanto
nazco, hombre, de tu sed.

Y me abro como una primavera
tu boca un damasco
la tarde sonrojada nos contempla
y tu piel en mi piel hace verano.

—¡Ah la luna, qué blanca blanca!
descalzo, plata, la transito
y me siembro para esperar el rocío
y otra vez el frío me reclama.
—¡Ah la soledad, qué blanca blanca!
me alarga la sombra oscura
hasta la tierra azul donde murmura
escondido tu corazón de tierra.
—¡Ay la blanca espera, ay tu sombra blanca!
Se me ha enterrado la razón
y el corazón se me ha enlunado.
Delirio que gira, crece, vuela
—Ah si no fuera por esta luna
que me canta canta
sí, te habría amado.


III - La Tarde

La larga arboleda de tilos
es un sembradío de catedrales.
Lejos, pasea desnudo el hastío
y más lejos aún
el cielo es tan rojo que arde.

—¡Clamor, clamor, espera!
mis manos están quietas
¿es que acaso no están vivas
tan vivas como una selva?
Es una historia el jardín
y el jazmín es un poeta
¿dónde hay tarde, confín, mujer?
Cierto lazo de glicinas me rodea
cierto beso de racimos me da sed.

—¡Quédate corpúsculo, y ámame!
Zumbido luminoso, ríe, vuela
¿no será la muerte esta embriaguez?

Se me arraiga por el cuerpo, se me pega
la hiedra verde del verde atardecer
mientras anclada la luna me pasea
por un ínfimo relieve de mujer.

—¡Corpúsculo, no crezcas, quédate!
Zumbido luminoso, vuela, ríe
¿será acaso la vida soñar, correr?

Le quiebra el sol al lago en mil cristales
la alameda, hecha una inmensa platería
y es el aire la sangre tibia del ocaso
que bebe la glorieta -está encendida-
Te has quedado, calma esencia
te has quedado dormida sobre el húmedo verde
y yo igual, inmóvil, como siempre...

—¡Ay tarde, que todo lo comprendes!
¿para qué dura la vida?


Incesante Tristeza

Carmesí, púrpura y turquesa
oro, malva y amarillo
azul, celeste, blanco brillo
y una sed insaciable de belleza.

Pinos y álamos, sauces
laureles y manzanillas
como fértiles orillas
donde el sol vierte sus cauces.

¡Ay crepúsculo, que haces
guirnaldas en las jarillas
hoy no apagues tus semillas
de encanto y versos en trances!

Eres el cuadro que apresa
fresco, claro y sencillo
como en un viejo castillo
a mi incesante tristeza.


Laura
(la de la leyenda)

La tarde quieta y acallada
como el tenue rumor que hoy enmudece
me vio llorar sin sentido
porque un cántaro roto sobre el río
confunde su pobreza en el torrente
y el verde cantar de cada fuente
fluye desde el alma en cada olvido
porque he visto un nido en aquel pino
y al rocío constelando la mañana
porque siento a la tierra que me abraza
y mis manos le responden con un grito
porque todo lo que falta es un camino
hoy comprendo mi vacío de esperanzas.
Se ha quedado el ocaso enrojecido
de sangrar soledades consumidas.
La frescura de las flores campesinas
en la luz temblorosa que ha nacido
es fuente del clamor que me cautiva
indeleble, en un amor como de niños.
Desde que veo una luz en ese brillo
ya no son tristes las lejanas golondrinas.
Desde que el alma festeja haber nacido
tiene la voz profunda que quería.
Siento sed del agua que faltaba
antes de ser mujer mi poesía
y lentamente está llorando la roldana
porque estallan la distancia y mi alegría.
Es un nombre, que yo mismo me escondía
cuando el cándido silencio lo insinuaba
y quizás es que la tarde está callada
o la suave llovizna que se escarcha
escalofría mis recuerdos desvelados
pero suena un eco, muy lejano,
que te nombra con la voz de una cascada.

Me ganará el tiempo y entonces
el otoño irá cegando mis hojas
y el alma advirtiendo la noche
lentamente ordenará las que escogen
el recuerdo, la penumbra y la sombra.
Se tornará incierto lo que asombra
y el verde canto que desbordas
se detendrá en su camino.
De lejos tu silencio y lo que otorga
ha de nombrarme sin saber por qué motivo.
Yo estaré apagando mis luces
con el aliento leve, madurado
una a una, apenas titilando
morirán la prisa y la vieja pesadumbre.
Haré cantar mi profundo silencio
cuando el río apacigüe su corriente
como flores que en la brisa se conmueven
serán los días y las noches de ese tiempo.
Volverán así perdidos ecos
a poblar de vida la penumbra
y una luz en el umbral vacío y seco
con la inmóvil imagen del reencuentro
te traerá, y serás mi última luna.
Me llegará el invierno y entonces
en el último estertor de la poesía
volverá tu sonrisa confundida
a traerme sus dilemas y sus voces.
Cuando el alma vaya quedando vacía
soñarás empurpurando los ocasos
con tus últimas palabras, infinitas.
Sobre doradas colinas campesinas
dormiré, seré una lágrima en tus manos.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

jua... no se como funciona esto...

y yo que me creía saber todas...

comento lo que leí... me gusta.

pero seguiré leyendo cuando esté menos cansada

:-)

Silvia Isabel

Catto Emmerich dijo...

Brillante como siempre!!! No deja de sorprenderme este ser humano y me pregunto:¿es humano este ser? Porque escribe como un dios mitológico...

Lisbet dijo...

Me encantó la poesía 1988, año en el que nací,😊