He querido implorarte
como a un Dios.
Extraviarme en tus desiertos
naufragar en la espuma
de tu oleaje de vino
y rendir el homenaje
de toda mi memoria
a la llama oscura
de tu nombre sanador.
Olvido, dulce y fatal
veneno que mata
lo que deja vivo.

PARA EL OLVIDO

Para el Olvido

Serás el dios de las hojas en blanco
el viento que baraja las arenas escritas
el río que disuelve la sustancia del río.

Serás un lugar, el único vacío
el borde del crepúsculo del pecho
el país infinito del que no vuelve.

Y ahí serás la deserción subversiva
la única opción de libertad que nos queda
la dignidad de no ser de aquello que ha sido.

Yo te busco como debo buscarte
sin apuro, sin ganas, sin motivo
sin notar en el espejo tu acechante mirada.

Busco el páramo final de tu morada
el altar del sacrificio imperceptible
el desierto bajo el gris espejismo.

Te busco para darte lo mejor de mi cosecha
el buey que fui consagrado a tu hoguera
el novillo que soy para la hacienda del olvido.

Te nombro, te llamo, te olvido
te saco de mí, y te pierdo, y resucito
te quiero en la manga como paloma de mago.

Quiero tu germen sagrado en comunión
para tragarme tu sangre corrosiva
para que me coma el corazón tu gusano.

Pero no hay palabras que penetren tu sordera
no hay respuestas en tus labios mudos
no hay piedad en tus párpados cerrados.

Tengo sueños enredados en las manos
y una ristra de huellas detrás mío
y jirones del alma en las pestañas.

Por buscar tu limpieza redentora
el anónimo indulto de la amnesia
el placebo inútil de vivir mi vida

he caído en la sospecha de que ya no soy
que el nido de mis huesos es un vértigo fatal
que en otro corazón
voy cayendo
en el olvido.

ANTES DEL FIN de la penúltima inocencia

Noche

No quiero pedirle otra cosa
a la noche
más que su abrazo inmenso
su boca de abismo fraternal.
La luna hermana está partida
y es allá arriba mi corazón roto.
Tan fría, tan luminosa
que cada tanto se quiebra
todavía.
Por mi pecho pasa
el vendaval oscuro,
ese clamor de oleaje
que va y que vuelve
haciendo girar jaurías
lejanas, desoladas.
Contengo el aliento
me hundo en la angustia
profunda, mojada
densa como la noche.
Sólo su abrazo inmaterial
y mi alma
sentada en una piedra
en un claro de luna
desvelada, desnuda.
Sólo esta noche antigua
es capaz de cubrir
mi inquietud ancestral
mi condición de amante
que nunca ama.


Sal

Destejí la tela rota
del pasado.
Colgué de cada año
un jirón de adulterio
y me fui pisando
las piedras de la memoria
hacia adelante
hacia ese horizonte que porfía
con estar siempre adelante.
¿Por dónde tendré que seguir
para llegar a tu ausencia?
Es árida la verdad
que antes -ya no-
regaba con sal
sal de mis ojos
sal de mi sal!
... pero no salgas del todo
aunque sea mentira
aunque sólo me quieras
como un viejo recuerdo.
Tengo todavía entre las piernas
el signo de admiración
que me provocan tus noches
el énfasis traicionero
que delata esta impostura.
¿Cómo será el paraje
ese en que no estés?
Árido se me ocurre
regado con sal
sal de mis ojos
sal de mí, sal!
... pero no salgas del todo.


102

Sumé los números del boleto
y no me alcanzó
para formar tu nombre.
Seguí con las hojas en la banquina.
Cada una conté
contra el vidrio veloz
cada nervadura de cada una
hasta llegar a la autopista
y todavía me faltaron letras.
Agregué las tumbas del cementerio
los árboles del canal
el sol feroz...
En el puente tuve que cerrar la boca.
Tu presencia inminente
transmuta la lengua en salmón.
Como si la escupiera escapó
y remontó una aritmética
de voces parciales
hasta las fuentes del silencio.
Fuera de mí, trepando lejos.
Una papila abierta al gusto tuyo
en cada escama ondulante.
No te nombraba el pez rijoso
te lamía.
A cien pasos de tu puerta
salté al polvo inquieto
de la penúltima parada.
Deslenguado
derretido.
Después, ojos incautos
que vieron tu escote mojado
y quisieron gritar
como se grita de dolor o de placer
y hallaron que por la misma causa
de tu febril humedad
estaban mudos.


Ojos de Selva

Sucede al pie
del monte tucumano.
Las rejas de los ricos
amontonan pobres taperas
y entre el polvo de las calles
y las veredas tapiadas
no crece ninguna yerba buena.
En un rincón secreto
una mujer blanca
ojos de selva
hace guarida
contra las inclemencias
de la soledad.
Algunas noches se descuelga
de los altos barrotes
cabellera de batalla
mordedura carmesí
y procura relamerse en las alturas
pausadamente
o bajo muchos espejos
o en el asiento de atrás.
En cada ocasión
se guarda una joya
y vuelve por su cría dorada
a las mañanas
de anonimato barrial.
Pero cae el sol
y en sus ojos salvajes
entre murmullos verdes
arrebatos azules
de miel emboscada
un brillo afilado
en las penumbras veraniegas
protege los tesoros
de su valiosa blancura.
Una pura mujer
cubierta de pecas
se esconde en la coartada
perfecta
de sus manos hábiles
y su vida interior.
Algunas noches se suelta
acechante, feliz
de terraza en terraza.
Siempre se lleva al mejor.


Nido Abandonado

Crepita el sol en las chapas.
Por la ventana
el ojo verde del jardín me mira
ávido y luminoso
pero no le contesto.
Prepara una migración mi alma
atrasada
en pleno verano.
Ya se va
volando
y me quedo vacío
tejido de briznas
hueco
cascarón de barro.
Afuera el sol obliga y danza
absurdo, hipnótico
y siempre afuera.
Le doy la espalda
para adentro
lo ignoro
me doy al olvido
me repito el sonido lejano
de las lejanas bandadas
y aquí
en el árbol seco
de mi vida desalmada
sólo soy un nido abandonado.


Con el Puño

Tengo el puñado exacto de esperanza
para pasar estos excesos de angustia
angustia de que no alcance
y ninguna mano a mano
me rescate del pesar de la escasez.
Del calibre exacto de mi puño
el tamaño del optimismo.
Seguro que no basta conmigo mismo
pero sueño sin embargo
y todo sucede
desde el centro de mi propia locura.
Entonces el mundo parece un mundo
y al fin soy la criatura humana.
Con apenas el puño por esperanza
magnitud precisa de mi corazón
pretendo mantener a flote
la proa de mi vida.
Me contento con llegar a salvo
con la victoria me conformo
y si al menos un éxito total
obtuviera como prenda
poco me quejaría
de la suerte que me toca.


131

En colectivo viajaba mi vida
y yo, que no la manejaba
miraba hacia atrás mientras se me iba
naufragando la mirada
en el río del camino, siempre atrás
y los ojos verdes de un semáforo
clavaban en los míos
su fijeza de salvaje esperanza
y se iban hundiendo también
siempre atrás
y la distancia interponía
sus obstáculos, y un bosque
de follaje urbano los cubría
y en ningún momento
parpadeaban ni decían nada
sólo su luz de libre paso
perdiéndose a lo lejos
y cuando volvía a hallarlos
muy atrás, muy lejos
eran los ojos rojos del cambio
que quemaban mi retina
con su insolente stop!


Los Versos que te Debo

Miré mi corazón baldío
y vi que faltaban los versos que te debo
las risas que me diste como viento de cambio
las manos que dejaste en las huellas de mi piel.
Quise encontrar el capullo de mi alma
para dártelo en un beso feliz, definitivo
pero me puse a deshojarlo
un pétalo de dudas, otro de esperanza
hasta quedarme otra vez con el pecho vacío.
Debiera sacudirme la tinta de las plumas
y soltar en la garganta una paloma mensajera
emprender la conquista feroz de la distancia
someterte al cautiverio de los días que me quedan.
Debiera tenerte, como se tiene la certeza
de vivir cuando la vida es un jadeo.
Busqué la oscura pureza de tus ojos
lejanos como estrellas
y los hallé despiertos entre antiguas palabras.
El poema que me endeuda resiste la pericia
de mis torpes intentos
se me escurre de los dedos sedientos como el agua.
¿Te llegará mi voz, perdida en el gentío
te tocarán mis labios detrás de cada oreja?
Sólo tengo lo que soy, la hojarasca de mi alma
y este andar gitano, y mi corazón
mi viejo y pobre corazón baldío.

NOCTURNAS de fondo blanco

Sombra

Sombra en que me veo y que piso
sombra que soy, de mí, reflejo oscuro.
Pálida sombra en que me pierdo y discurro
por la gris muchedumbre del día.
Sólo la noche podrá tapar las grietas
con la espesa tintura del olvido.
El olvido del sol, que desnuda miserias.
El olvido del hambre, que anida en los huecos.
El hueco que soy, que anochece, que olvido.

Me asombra la múltiple sed que me puebla
una sed rojiza y profunda, de acero.
Acero en los párpados sedientos de ver
acero en la lengua fija y desusada.
Sólo la noche podrá borrar el rastro
en su boca asesina de nombres.
Nombres vacíos de tantos extraviados
ancianos nombres de viejos asesinos.

Soy la piel de la sombra, la mía
la que marca el jirón de los pasos
la que ayuna de todas las caricias.
Soy el alma, la sombra, vómito del cuerpo
que el piso ampara. El polvo. La nada.
Soy lo que queda de mí a cada instante
náufrago de astillas que se astillan
que se parten.
Sólo la noche juntará los huesos
los huesos de su larga y espectral
caravana.


Lacerada

¿Qué sería de mí sin tu carne lacerada
sin la herida que te abre las piernas y que horado
sin el tajo en que la grupa te desgaja la espalda
sin la llaga enrojecida que te agarganta la cara?

¿Qué sería de mí sin tu piel de condenada
si mi palma no golpeara tus picos enervados
sin la furia alimenticia de la cruel dentellada
si mi mano implacable no apretara tus costados?

Sólo queda el ahogo del espasmo, la esperanza
de sentir cómo se curvan los dedos afilados
de lograr la feroz certidumbre de la garra.

Sólo queda enarbolar mi mástil en tu aldaba
llenarme de los gritos más espesos y mojados
y dejarte las orillas ardidas y violadas.


No se Detienen

No se detienen
nunca.
Los relojes implacables
de la urbe
siempre urdiendo
su mortal conspiración.
Se remueven en su seno
los no natos
muchedumbre de fetos
consagrados al suplicio.
No se detienen
jamás.
El crujido de los huesos
que se alargan
la caída de los dientes
la erupción de las mejillas.
Ese es el ruido maquinal
de los relojes.
El pelo que crece
el pelo que cae.
También la carne cae
y se repliega, y se abulta.
Ese es el ruido.
Humedad que se seca.
Quebradizo
así es el ruido.
Los relojes de la urbe
nunca se detienen.
Nunca.


Noche Demencial

Qué maravillosa noche demencial.
El lamento de los gatos
dolidos de lujuria
teje cordeles de espanto
por la ventosa soledad.
La noche es una fisura
donde se agolpan derrumbes.
No es posible morir a medias
presiento
sólo vivir aterrados
de no poder escapar.
Los ruidos se persiguen
ferozmente
mordiendo las orejas
de los tristes exilados.
Qué maravillosa noche de suicidas
o noche de vivientes
del riesgo asumido y mortal
de transcurrir
del riesgo de portar
los más horrendos laberintos
en la entraña de este hambriento
deseo de existir.
Nada existe, lo sabemos.
Sólo ese aullido en los tejados
que es de gozo, o de cadenas
o de extraviados.


La Palabra Precisa

¿Cuál es la palabra precisa
para llenar el vacío de la boca
el hueco púrpura del pecho?
¿Cuál es la paloma enrojecida
que me salve, emergiendo
no de los labios ni del vientre
sino de las manos resumidas
en el largo gemido de la historia?
¿Cuál es la historia que me falta
perdida en el gentío, ausente
en la infinita muchedumbre de los otros
en el brutal acantilado de la ausencia?
Razón expirada, locura de los dientes
que cabalga en el aullido
desertor del mundo.
Un cuervo me naufraga los ojos
y el silencio, que atormenta,
demora la mañana.
¿Cuál es esa palabra
que sólo se pronuncia en un instante
en el puñal abierto de unas alas
en la alborada sangrante del destierro?
Quiero exaltar la oquedad, distribuirla
en esta misma tierra en que mis huellas
presionan las prisiones de los muertos.
Me lastima la conciencia lacerante
de tantos homicidios...
que de partir, se parte el alma
y de perder, estoy perdido.
Quiero pronunciar la desolada canción
del desconsuelo, y agotarla
y consumar el suicidio de la tarde
y regresar por sus rampas desangradas.
Acompañar el azul, cuando tirite
amortajarme la piel desamparada.
Voy a tener esa palabra malherida
que se asombra del blanquísimo eufemismo
que se hunde, mortal y verdadera
y desparrama, final
mis despojados marfiles amarillos.

AMANECIDAS a cielo abierto

Aquí voy, Vida

Aquí voy vida
en los pasos en el puño
en la garganta
desangrando en la tarde
toda la memoria
como quien deshila
los jirones del grito.
El cielo se ha abierto otra vez
para ahogarme de azul
y los templos desbordan
su tardía muchedumbre.
Aquí voy vida
sumido en el rumor del silencio
perdido entre las voces
arrojando de mí toda duda
desgarrando el enigma
desnudo y deshecho y en llamas
como partido al ocaso
entre pájaros de fuego.
Somos de tierra en el aire
de penumbra en la tierra
palabra caída del sol
que se perdió en el barro.
El aliento me entra y me sale
como una espina de luz
por eso he abierto los brazos
porque no tengo alas
porque el río me surca
a través de los pies
y los pasos me ahogan.
Por eso me río.
Aquí voy mi vida
desclavando las manos
del temblor
descalzándome
aferrado a tu alma
con toda mi ceguera
deshojando los días de tu noche
que sos la muerte, vida.
Desandado feliz descubierto
que sos la vida, muerte.
Girando aquí voy
como un filo de lirio
a tomarte de mí.


Se ha Levantado la Brizna

Se ha levantado la brizna
y ya prepara el aroma
huracán de pájaros
que me sube por la tierra.
Yo soy esta tierra
en la que yacen mis muertos
esta bandada deshecha y en fuga.
La sombra cae se arrastra
se hunde
y del naufragio asoma el alma
doliéndose de justicia
arrasada de claridad.
Han vuelto al agua los cuerpos
a retomar el bautismo
y el viento promete
tejerles otro nombre.
Tormenta de gorriones
huracán de mirlos
se hallaron los amantes
en medio de la guerra.
Afuera caen los soles
se levantan los nacientes
y entre las llamas más hondas
se está forjando una alianza.
Tormenta de pájaros
huracán de gorriones
que esta sangre me ahogue
y me lleve.
El día se clava en mí
como un puñal de luz
y la vida se me vuelca
derramada por la vida.
Se han desatado las manos
del suicidio y la miseria.
Ya les llega la tormenta
el huracán el delirio
como a la raíz de un grito
abierto y boca arriba
como a estas dos palomas
sudadas y blancas.


Barro Ardiente

Barro ardiente y calcinado y sediento
en que la fértil me ha dado y vive.
Barro erguido que soy de tierra tajante
aquí se festejan la sombra y la llama.
Es el caudal del abismo que se quiebra y ahoga
como pez del silencio arrojado al vacío
como una palabra tañida o empuñada
un golpe en el alma un filo en la sangre.
Toda voz enmudece cuando el verso la penetra
y sólo queda la huida crepitando, el alarido.
Entonces la fecunda vuelve a darme y a serme
porque soy el canto vibrante del cielo
el ser que cae el suicidio de Dios.
Así, despierto, con la boca en el polvo,
se hace bueno besar el origen.
Recojo las manos perdidas los pies que se fueron
y rehago en la piel las astillas del día
gimiente llamarada que irrumpe en el mundo
para seguir rodando su eterna pendiente.
Barro ardiente calcinado sediento
el ocaso es una lánguida gota de arena.
Yo me arrastro, a tientas me desduelo
pero la huella no sale de su hondura fulminante
y el camino hacia el pájaro
se enturbia y enrojece.


Del Agua, del Grito

Del agua del grito del cuerpo he nacido
y los devuelvo
más allá de la piel lo dejo todo.
Sólo esta quemadura que soy me pertenece
ni lo que doy ni lo que toco
ni lo que abrazo es mío.
La mañana se reparte como una hogaza infinita
como una mano ciega que se da en silencio
¿cómo conservar tal derroche, tal torrente?
Yo no quiero quitarme de la tierra
ni quiero que la tierra me espere
desgarrada
por eso me apropio de todo lo que amo.
Soy ese instante de fuego soy el incendio
en que mi vida se descubre y se derrama
y lo que amo vive y ama fuera de mí.
Quiero la aspereza la humedad el aliento
el surco abierto palpitando en la penumbra
la luz del día y el pajar y el barro
quiero revolcarme y gozar de la pobreza.
El animal que me urge está desnudo
no hay ropaje que pueda cubrirlo.
Afuera el mundo propaga su inocencia
difunde su bondad huyendo entre los pájaros
y una boca abierta le contiene el clamor
el grito de agua en que el cuerpo se nutre.
Ha caído la tarde, entregada a las sombras.
La noche le despoja su aromada vestidura
y aquí, abajo, a los hombres
se nos descalza el pudor.


Me Salvo de la Lágrima

Me salvo de la lágrima mortal
me desahogo
me arranco del llanto como quien nace
y mi vida es esto que se enjambra
esto tan mío y tan lleno de cuerpos
que yo debiera darme a su salvaje mordedura
y no pedirle piedad
abandonarme.
Pero no encuentro el conjuro de mis lluvias
y mi sangre se deshace secamente
en un gesto final y silencioso.
Entonces la lluvia sucede al fin
y el alma desteje su atavío de cenizas.
Si al menos el ocaso no fuera tan de vino
y yo pudiera llorar por lo que río y ando
si la pérfida penumbra dejara de poblarme...
Estoy queriendo caer, como la tarde
como ese pájaro que huye del incendio
y otra vez el racimo se me brinda.
Quiero tu amistad mi vida
sólo eso.
Ya no puedo desflorarme el pecho
hace tiempo ha proclamado su rojura.
Desnudamente vida mía
quiero tu amistad.
Se ha cerrado la sombra y nos convoca
como a la oscura liturgia de la sed
como a un sacrificio ciego y gimiente.
Yo arrojo la piel a esa cuenca sin nombre
en ese bautismo apago mi fuego herido
y pido tu mano, hermana
tu mano vital:
quiero dejar allí todos mis besos.


Yo, que caí de tu Vientre
(a la madre Tierra)

Yo, que caí de tu vientre
como espiga cegada
y he crecido en tu lecho
infinitamente húmedo
y he recibido las cumbres
arrogantes de tus pechos
y me he perdido en tus valles
abiertos y salvajes
debo quitarte la vida.
Yo, que me he dado a tu abrazo alucinante
y he bebido del delirio de tus venas
y he llorado largamente
por tu voz mojada
ahora debo vivir
inexorablemente.
Aún hambriento he respetado tu estatura
y me he negado a la ceguera
que debo cumplir
y ser oscuro
como la hondura del grito
como mi esencia de raíz
amarga y muda
que quiere callar tu incestuosa palabra.
Debo arañar tu cuerpo
eternamente desflorado
y tomar de allí lo que es mío
lo que perdí.
Se me ha templado
un puñal en la lengua
para el beso
y harto de recorrerte
mis pasos aprendieron la harina.
Voy a quitarte la vida
voy a devorarte.
Soy los pies que te pisan
las manos y los hombros
el vino del pecho y las alas
soy el hombre
y llevo en la boca un incendio
que debo derramar.
Pero tu alma no conoce el llanto
y se transforma.
Vas a salir de las llamas
para volver a mí
y yo voy a tomarte
entonces
como el pájaro marchito
que reparte entre sus hijos
las migajas del sol.


Aquí, sobre el Montón

Aquí, sobre el montón
el viento inquieta las hojas
y les sacude la sangre.
La tarde ha muerto.
El polvo se adhiere a la manada
ciegamente y peregrina.
Ha muerto la tarde dije.
Debo acabar estos versos y huir
salvajemente.
Nunca tuve razón para el dolor
que me ha parido
pero estoy buscando mi origen.
He transpirado la sonrisa
en el intento
de juntar la sal del llanto
para engullirme.
Se me ha dormido la lengua
de tanto andar.
He raspado mi susurro
bajo tantas orejas
que se ha vuelto un gruñido
áspero y desnudo.
Debo ser implacable
como el sol de mis días.
Tengo derecho desde hoy
a las cosas frágiles:
la paz que conozco
deviene del ciclón.


Compañera del Ocaso

Hermana de la hojarasca
cómplice de la brisa:
yo le doy a la desnudez
su dimensión de herida.
Me ha lamido la sombra
de tu ahogado merodeo
y ericé los dedos,
la pelambre, la columna.
Salí del silencio en tropel
una mano, un talón, una lengua
a clavarte cada cual su jadeo.
Tejedora del rocío
hermana del otoño
desde que anduve tu melena
ya no tengo refugio.
He penetrado y sacudido
la espiga de tu talle
y se me ha perdido el grano.
Pero quedé con la luz afuera
con la boca abierta y oscura
como el fondo de mi alma.
Puedo atarte las manos con mi cuero
y vendarte los ojos
y rajar la tela que te oculta
y doblarte la espalda.
Puede quedarse el aliento
pegado a tu nuca
y llenarse de gritos
para no hablar.
Señora del horizonte
compañera del ocaso:
voy a dejar mi puño
apretado en tu pelo,
voy a mojar la boca
en tu gimiente humedad
y te voy a arrastrar debajo mío.
Todo lo que agite o clame
voy a hacer
todo lo que sude.
Espero esa palabra
venida de los pies
esa canción de tus pasos.
Sólo espero tenerte a mano
y poder morderte cada sonido
hasta que no haya esperanza
hasta que el tiempo sea un pájaro
fugaz y posible.
Estoy dando la vida, otra vez,
como he dado la paz.
Virgen de las cenizas
mujer mía y del polvo:
yo le doy a la herida
su condición final.


Momentos

No tengo la mano hecha capullo
ni se han desafilado las palabras
ni enmudecieron mis pasos, todavía,
que me recorren la historia
en este gris peregrinaje
y me dejan aquí, a tu lado, enceguecido.
No puedo ver, ahora, el puñal que anduve
ni perder los ojos en la abismal bandada.
Se me quema la mirada en un nombre
y reconozco los sueños perdidos.
Quiero tu voz, de nuevo, para tocarla.
Quiero lograr la desnudez y repartirla
como una mañana de marzo o de octubre,
como una hojarasca final pero infinita.
Confieso que tu risa me deslumbra,
que la vida es posible en un solo destello,
que mis pájaros huyen,
que yo quedo indefenso.
Creo poder deshilar alguno de tus pies,
blanquísimo, pequeño.
Nunca supe por qué hay momentos así.
Tan felices. Tan fugaces.
Sólo sé que tu luz me marcó para siempre.
Que tu risa se queda.
Que la tarde se muere.


Aquí la Mañana

Aquí la mañana
el ruido de los pasos arañando el suelo
y la luz que otra vez
ha lanzado sus astillas
a hundírseme en los ojos
a que el rayo me surque
a que la sombra roja que navega las venas
tenga algo de verde, de azul, de amarillo.
Aquí va la hojarasca del sueño
deshojándose en las calles
la silenciosa palabra de cada vida
enredada en la penumbra de sus ruidos.
Tumulto gris
y colorido, y frío
y asoleado.
Una mano. Una boca.
Aquí va la mañana otra vez
llevando el día
tranquila, húmeda, inflexible
abriendo sus párpados de viento
transcurriendo, inmutable
como la mayor de todas
sus marionetas vencidas.

EXTRAVIADAS en la calle

I

Merezco desayunarme
en tu boca
gota a gota tejer
un tapiz de saliva
renovar cada día
el sabor de tu lengua
en un hueco amparar
la mordaz certidumbre
y morder, que no daña
y dañar el olvido.

Merezco el auxilio
de tu inmensa cadera.
Su número abierto y redondo
su tajo voraz, verdadero
es la única cifra
es el único abismo.

Toda razón reposa
entre los gajos de tu pecho
desbordante salario
de cada jornada
redundancia de luna gigante
salada.
Merezco lamer ciegamente
el latido
y latir el lamido, cegado
y sedarme, cebado.

Merezco tener libertad
en tus venas
errar con mi nombre
perdido en tus pelos
ser la gota que te moja
resbalarte adherirme
despertarte
caer por tu curva infinita
sin hallar fondo
remontarme de tu huella
postrada
hasta lo más hondo
y hallarte en el fondo.

Merezco ser mejor
que la sombra
ese enjambre de recónditos
estorbos
concebirme de tus brazos
aleteantes
alaridos de bondad
ser tu gemido...
Ya perdida la inocencia
perder la dignidad
y ser tu auxilio.


II

Un aluvión de trigo que caía
como metralla del deseo
por tus hombros
el puñal de una lengua después
y ninguna palabra en la saliva.
Una calle de azahares, quizás,
en los naranjos
conduciendo a tu arábiga cintura
un empedrado musgoso
un campanario infantil y devoto.
La sentencia de la luna tiene faces
amarillas grises relucientes
demacrada calavera de la noche
que se llena y es el pecho desnudo
que te imita la galaxia.
Una fruta partida
tu acarozado corazón
una oscura y promiscua golondrina
cautiva de tus lluvias.
Una tarde de lluvia también
en tu balcón
una larga y mojada caminata
de diez dedos mutuos, apretados
inservibles plumas enredadas.
Y el puñal de la lengua otra vez
asediando palabras
que son laberintos
que ultrajan la boca.
La boca se seca
reniega del viento
y amanece sola
mordiendo los sueños
donde un aluvión de trigo caía
como metralla del deseo
por tus hombros.


III

Ya estoy cansado papel
de tantas convulsiones.
Quisiera poder respetar tu blancura
sin la culpa ni el apremio
sin la desazón.
Ya estoy cansado de decir
lo que siempre ha sido inútil.
Que lo que quiero no llega
que la luna gira y alumbra
y lo que pasa no vuelve.
Que lo que espera no encuentra.
Ya estoy cansado papel
de que la lágrima se explique.
En un consuelo callado
prefiero arrugarte
y desahogar la nariz.
El ojo abierto y sonámbulo
de la ventana
engulle un crispado
horizonte de torres.
Necesito agrandarte papel
doblarte desplegarte montarte
y huir por la boca bostezante
de esa ventana
sobre un horizonte crispado de torres
hacia esa luna,
que gira y alumbra.


IV

Mi azulada golondrina trasandina
que me ha alejado de los Andes
porque andes donde andes
yo te persigo y me persigno
si pernocto junto a tu docto cuerpo
que es el cuerpo del delito
en el que incito el exquisito arbitrio
de elegirte como vulva para abrirte
y perseguirte, que eso digo
y si prosigo todo el trigo
que antes casto y ahora siego
se pervierte y se divierte
el inerte corazón dando de tumbos
en tal tumulto de cúmulos
que en él ausculto el gentío
bravío del río ignoto
que habita en mí.
Y no es que sea panacea
la quimera del instinto
ni es que el tinto tinte de la sangre
me arrebate, es el sino del cieno
en la sien palpitante del deseo
es el anverso de elevarte revolcarte
y empalarte el estandarte de mis besos
que son esos ahora presos pero ilesos
que antes libres mas sensibles
se escurrieran en el tiempo
hacia el templo inmenso de lo inmerso.
Mi azulada golondrina amilanada
almidonada la senda de tus días
transcurre con premura dilatada
y yo a tu lado
que es el lado más caldeado
me he ladeado hacia el vado del infierno
donde ya no hay más invierno
que la ausencia ni más comparecencia
que la transparencia cruel de la inminencia.
Si pudiera dirigirte en la orgía
que todos queremos y podemos
pero frenos, enredos y desvelos
nos apartan y nos hartan de prudencia.
¡Viva la viva y vital vida vivenciada
no la negada espalda de la nada!
Mi azulada golondrina del perdón
no es que el don de la expansión
se haga jirón ni el pichón de la concordia
se desplome, es el plomo que se dora
en esta hora en que implora mi vena
tu condena final o tu total indulto
y no leas insulto donde hay culto
al presunto porvenir de libertades
que son estas las verdades
que en los lares barriales se destierran
pero hago tierra en ellas
y en ellas los altares
donde entrono tu trono de traste
hasta el tronco para ronco gritar
y así dar seminal final a este cantar.


V

¿Cuál es, sutil desatino
tu conjura en la encrucijada:
el labio, la tersura, la mirada
el pulso rojo de mi destino?

No me digas nada, lo adivino
brote infantil de la íntima nada
que nos enhebra y nos deshilvana
que nos enfrenta un día en un camino.

¿Cuál es esa gota perfecta
ese brillo matinal en el rocío
abismo de luz, de paz, de vacío
que merecen tu boca y tu piel erecta?

Casi ninguna respuesta es la correcta
y casi nunca tu cuerpo será mío.


VI

Un papel en blanco es el pasado
un camino largo y vacío
se arrincona con la sombra, con el frío
loco de pobreza, murmurando.

Un instante muerto, ya pasado
el cauce seco de ningún río
un paso que busca con el mío
la bondad de saberse consumado.

Entonces no importa si he matado
o es mi sangre lo que ansío
lo que nunca tuve, nunca he dado.

No importa si me quedo aquí enterrado
o corro, o me escapo, o me extravío
todo lo que está, está pasando.


VII

Te sorprendió el dolor
que yo guardaba
como un suicidio silencioso
como un puñal en la memoria
recitando la ausencia y la distancia.
Te sorprendió mi muerte
ahogada ya en mi alma
y quisiste llorar
calladamente
llorar por todo.
Ahora me tengo
desnudo y en llamas
al borde de la vida
al filo del asombro.
No pretendas que vuelva
la risa que me viste.
Se ha perdido.
Pero en el mismo dolor
que descubriste
en la hondísima sangre
que respiro
hallarás mi voz
que se reanuda y se descanta
como un gorrión
oscuro y luminoso.


VIII

¿Qué savia surtirá tu esencia de raíz,
qué profundo verso me abrirá tu grito?
Te toqué apenas, como se toca a un cometa,
y me quedaron las manos ebrias de luz.
Te vi pan, te vi bandera, te vi poesía
el silencio latente de tu lucha me llevó.
No tengo más que un racimo de hojas secas
y un manto de polvo y un cofre vacío.
Y la espera fundada entre el oro y el verde
y un nido tejiéndose y un niño desnudo.
Sé que no tengo la riqueza del fruto
sé que no te tengo.
¿Qué sangre llevará la búsqueda a mi herida,
qué sol me traerá tu pureza de luna?
Apenas me tocaste, y me quedaron tus huellas
de cara al viento, y al empeño, y al camino
como sedienta locura de perpetuar el contacto.


IX

Hoy te vi.
Como un canto sin palabras
la vida pasaba
con su torrente de apremios
y me dejaba en ningún puerto.
Hoy te vi.
Te vi tan llena de nidos
que tuve un pájaro en el alma.
El trino se me hizo voz
se hicieron manos mis alas
y el verso se deshojaba
como la duda en la flor.
Hoy te vi
apenas un momento.
Quedé despierto para siempre
me desterraron los sueños.
Hubo verdad en los altares
con sangre viva en las copas
y una plegaria en el incienso.
Cantaba tu aroma
latía tu cuenco
y en ese templo
no sé si yo imploraba
o si era el dios que recibía
pero hoy, cuando te vi,
casi lloraba.
Estabas llena de canto
como las cosas sinceras.
Enardecido de esmero
yo caminaba a la siembra.
Hoy te vi
y quise hablarte
y sin embargo se fue
mi claridad a un poema.

BREVES graffitis de servilleta

Sed

La sed le llama cántaro
a este inmenso vacío
y pasa un río por tu nombre
en un arrullo lejano.
Es una tarde de noche
sin silencio y sin palabras
de campanas y penumbras
en algún lugar de abril.
Así te espero.
Con las velas plegadas
y las manos en vela.
Con las voces desiertas.
Con el alma lejana
y alando sus jirones.
Aquí te espero.
Afuera el crepúsculo
convoca a sus bandadas.


Vida

Mi vida es muy pequeña
quiero dejarla en el viento.
Que la desate, y la deshaga
y se la lleve.
Que caiga en alguna lluvia
que algún ocaso la queme.
Es muy pequeña mi vida
quiero darla en un bocado.
Ese gorrión que pasa
que en su suspiro la aspire.
Aquella abeja que zumba
que la endulce y se la olvide.
Que vuelva al agua o a la tierra
o a la nada...
Mi vida es muy pequeña
llega el otoño y se acaba.


Hojas

Las hojas murieron
y vuelven a la tierra.
Mis manos las reúnen
con voz crepitante
para darlas al fuego
de la tarde invernal.
Allí, el humo se alza,
más oscuro aún,
y por esa gracia
entre sus dedos de luz
descubro al sol:
más claro y más tangible
todavía.


Vuelta

Nos vemos a la vuelta.
Cuando la lluvia acabe
y se alce y se junte
y caiga otra vez.
Cuando la voz nos harte
y nos ciegue.
Cuando aturda la sordera
y podamos oír, de nuevo,
y tender la mano.
Perdón
si me niego al olvido
si guardo este ardiente
mechón del día.
El mundo gira y se me pasa.
Nos vemos a la vuelta.


Paisaje

Tan calma está la hoja
muerta en el ramaje
que cae y un oleaje
inquieta al lago y lo sonroja.
Cae también la tarde
y se despoja
de la inmóvil apariencia
del paisaje.


Angustia

Habituado ya
a la angustia
a mi angustia robusta
que no pierde el apetito,
tan segura de sí
que duerme tranquila
y reina hasta en los sueños
¿que haría si me dejara?
No puedo pensarlo en paz,
me angustia.


Se Labra

Madurará con los veranos
la flor de la palabra
y fragante quizás se abra
sobre las bocas que florezcan
al besarnos
pero profundas serán sólo las manos
porque el amor no se desflora
se labra.


Preciosa

Qué preciosa joyita
qué zafiro diminuto
como labrado en el sueño
de las flores y los frutos.
En las burbujas lluviosas
posaste apenas tu vuelo
fueron semilla fecunda
las lágrimas de mi suelo
¡Qué delirio de espirales
qué vértigo hay en tu trino!
Rizo de luz, trigo y alondra
tú vuelve al cielo
yo a los caminos.


Cascada

¡Cómo le cuesta al agua
no hacer nada!
dijo el salmón
en el rizo de una cresta.
Fluir en calma
ay, pobre pez,
cómo le cuesta
decía el río feliz
tras la cascada.


Lunita

Luna, lunita
regálame un cometa
para cuajar de oro las alitas
de mi princesa, verde sol y huerta

Luna, lunita
invítame a tu fiesta
y lleva luces de nácar a la cita
con que pueda sembrar mi alma abierta

Luna, mi luna
¿volverás a ser rostro surcado de gaviotas?
Mi luna buena, mi suelo, mi cuna
dime que vas a ser fecunda en las raíces ayer rotas

JOVENES PERDIDAS bloopers púberes

1989

Quiero libertarme amor, quiero poder.
Sumergirme, desahogarme, resurgir en vos.
Tenerte en los ojos otra vez
reanudando las aguas.
Vivirte amor, quiero vivirte.

Llegué tarde, tarde otra vez
y llegué desahuciado.
Yo, que invoqué el fuego
que clamé por el holocausto
que salí del incendio
con las velas quemadas.
Yo, que quise irme de mí
del hambre, del grito
que quise abolir las plumas y las garras
yo, que llegué tarde, que llegué a vos.
Es aquí amor, es ahora
la misericordia de la tierra está perdida
y el aire se agolpa en las gargantas.
Es aquí, amor, aquí
están mis venas gimiendo del espanto
del desborde.
Ahora, amor, ahora
estoy alzado en un grito de guerra
estoy perdido amor
estoy ahogándome en tu euforia.
No tiene puertas el mundo
ni tengo llaves
ni manos ni rastro ni palabras
me despojo de todo me apropio de todo
no hay esquirla de mí que no te quiera.
Pero me voy
me voy en la sangre volcada
me voy a invadir de retoños la herida
todo abierto, de luna a luna
por que acabe de menguar.
Me voy a preñar la tierra, la que piso
la que amontono en los huecos
me voy, me voy de fuego
de agua de viento
me voy amor, me voy, me he ido
a buscarte al fondo del silencio
a mirarte, mirarte hasta que caiga
la última estrella
a tenerte en las manos, de vuelta
rescatarte amor, y tenerte de vuelta
a redimir con vos la furia del suicidio
para volver, amor
amor, para volver...


1988

En un pasado pardo se reúnen los recuerdos
en la ardiente castaña en que aún no habían nacido
y otra vez te amo, inexorablemente.

Ya vendrán los caminos a surcarme los pasos.
Yo voy a darle mis manos a la siembra
y me van a crecer alas, porque te han tocado.

Volverán las jaurías a teñirse de sangre
cuando todo el canto halle la voz de la tormenta
y el ahogo va a quedar desahuciado en el grito.

Aquí, entonces, voy a ser espada arando
la ciega de tu estirpe, tu colecta, tu abundancia
y va a llorar el llanto y va a reír la risa.

Todo el dolor del mundo fue para parirte
pero ahora el mundo para arrullarte es caricia
y es para nutrirte la hogaza de mi pecho.

Te has coronado en mí, princesa de trigo oscuro
en mi alma desplegaste tu emblema de cielo fértil
y tus sonidos evocan a todos los pájaros.

Hay murmullo de hogar ardiendo en primavera
hay fragancia de racimos que redimen el invierno
y una leve caída de pétalos igual a un calendario.

Así, llego al claro remanso de tus días
y me desnudo la sed frente al ocre pudor del tiempo
y, como siempre, te amo, te amo para siempre.


1983
I

De hojas de higuera
de oscuros racimos
quiero adornar
el viejo cuenco del poema.
Quiero trocar en nido
sus mustias espigas
y reanudar su tierra
profunda y olvidada.
Quiero que sirva de fruto la poesía
que resurja algún día
de su entierro la infancia
y restablezca su reino
de colibríes y abejas
es decir: en las artesas
el vuelo del pan
y en tus suelos
la jornada febril de la siembra
¡Que sea el verso semilla peregrina
que sea golondrina
que busca primavera
y te descubra sirena
con el canto que reclama!
Te tengo el alma abierta y esperando
si eres nardo, acércame tu llama
si eres raíz, cobíjame en tus manos.


II

La espera tiene un verde
andar de vértigos
que nos llega con la jornada
y se nos queda madurando.
¡Vendimia te proclamo
de tan colmada de racimos
y no puedo agregar ni una espiga
a las que ciego!
Si tuvieran alas mis versos
quizás entonces anidaran
y le dieran al verano
la razón sangrante del trino
pero sólo tengo nidos
lluviosos y desiertos.
La espera canta un canto verde
y sigue andando
y te consagra en las calles
artesa peregrina
y el peregrino se olvida
que está descalzo
y te encuentra.
Quiere alzar altares nuevos
en las viejas catedrales
y librar a los trigales
del holocausto del pan.
¡Quiere vivir
y vivir como los lirios del campo
que ni Dios perfuma
como perfuma tu boca!
la boca de tus ojos ávidos
la esmeralda sedienta de dejar de esperarte
y arrancarme el disfraz del tiempo
en la verde desnudez de tu mirada.
La espera tiene un verde
andar de vértigos
y yo he vuelto a saltar
del balcón de la esperanza.


III

Corre el aroma entre los pies de los pinos
y por las copas fluye un río mansamente.

Qué incierta se hace la voz de los caminos
cuando sin norte tu voz me hace quererte.

Es como entregarse guiado por los vinos
este amor del corazón las manos y la frente.

En torno el viento sigue cosechando trinos
y sigue siendo fresca la mañana agreste.

No importa si me niegas el blanco de tus linos
o si callas la promesa de amar hasta la muerte

no cuenta que estés firme amarrada a mis destinos
no importa si se agotan los besos en tu fuente.

El viento calla y canta y traza signos
y en su idioma misterioso puedo verte.

¡Quiera embriagarte la tierra con sus himnos
o el cielo arrebatarte y poseerte!

La pradera el bosque los claros matutinos
quieran sembrarte la distancia y esconderte...

Nada importa que te vayas, nada importa desunirnos.
A otras manos, otro canto, a otro vuelo vete.

Yo en la tierra y en el viento quedo, y en los pinos
para amarte como un Dios: inmensamente.


IV

Caerá un pétalo en cada paso
que dé la turbia vida
y cuando quede vacía
la flor que lleva tu mano
habrá callado tu risa.
Cuando lloren los jazmines el rocío
y las noches, embriagándose de estrellas
hayan dormido al sabio y al poeta
podré gritar ¡estás conmigo!
Cuando encuentres abierto el postigo
de tu alma, que me bebe y me refleja
tomaré una capullo de cada primavera
y dejaré tu nombre en todos los caminos.
Si los besos palpitan encendidos
y la luz que se exhala se respira
es porque sangra el sol en su ocaso
y se lo lleva la brisa.
Pero si quedas sola y vencida
caerá un pétalo en cada paso
y estará callando tu risa.

Me crecerá una flor cada mañana
que crezca en el pecho tu canto
y el corazón abierto en mis manos
cubrirá de pétalos su infancia.
Cuando hayamos ordenado cada causa
y cada impulso apure los pasos
estaré en tu boca, en tu vida, en tus brazos
consumiendo y alargando la distancia.
Cuando la última revolución haya llegado
y para hablar no se precisen las palabras
en un crepúsculo de titilantes campanadas
haré infinitos el movimiento y el descanso.
Me crecerá una flor cada mañana
como hoy nos crece el canto
y el corazón abierto, en mis manos
gritará inflamado que te ama.


V

Tengo los ojos como un mar con sus gaviotas
como un crepúsculo: extensos y sangrando
tengo los ojos como dos ventanas rotas
que dan al patio polvoriento del pasado.

Los abrí y se perdieron en las minúsculas gotas
que penden en racimos del vacío constelado
y quedaron en sus cuencas profundas y remotas
como lecho de naufragios cada vez que hube amado.

Me quedaron suspendidos entre las pálidas motas
que viven del ocaso cuando el viento está callado
me quedaron abiertos como el pecho tras las cotas
después de la batalla que el tiempo le ha librado.

Tengo en los ojos un arpa y con sus notas
el recuerdo se ha dormido como el rocío en el prado
tengo en los ojos como un mar con sus gaviotas
y a lo lejos, levemente, alguien lo está navegando.




Como una mujer de colinas perfumadas
se extiende desnuda sobre el campo despierto
la esperanza del verde, el arroyo y las guirnaldas
han venido a poblar el paisaje ayer desierto.

No es la candorosa primavera con sus hadas
es algo más grave que el color y que el contento
es como tornar en arados las espadas
y de un golpe fecundar un suelo que había muerto.

Nos es ajeno setiembre, después de las heladas
para el bosque es el calor, para el prado, para el huerto
nos es ajeno el amor que brilla en las miradas
es de los trinos liberarse, es del cielo andar abierto.

Pero está ausente en estos cielos, estas tierras enjoyadas
lo que otorga al ser el alma, el contenido, el sustento
está usente tu arribo a las colinas perfumadas
de este océano ilusorio en yo soy como un puerto.


VI

Si pudiera tu clama ordenarme las cosas
si volviera a tu silencio mi nombre mutilado
cuántas veces perdí mi verso entre tus prosas
cuántas otras hallé tu verso enamorado.

Se aleja el día gris tras las copas lluviosas
de los sauces que suspiran después de haber llorado
y se alzan las almas azules y brumosas
del campo y la laguna, del bosque, del cercado.

Me nombran y me esculpen tus manos en las losas
que todo alrededor con sus cruces han brotado
y hasta puedo sentir el perfume de las rosas
que a mis pies deposita un ángel enlutado.

¡No me llores tu luz, no me abras tus fosas
que no vine en tu busca para quedar enterrado!
Tengo un jardín con cien mil mariposas
y siento que se acerca el invierno más helado.

Quise que tuviera las flores más hermosas
quise que temblaran las alas a mi lado
un velero quise, quise estelas azarosas
como los rasgos del lecho después de haber amado.

No me culpes si olvidé la tierra en que te posas
se olvida siempre la tierra cuando se teme al arado.
Me embriagan tus pasos de voces silenciosas
en el negro camino del cielo abovedado

pero crecieron en mi alma espinas dolorosas
que bullen y se agitan en el pecho destrozado
¡Rescátame noche que, trémula, me rozas
no quiero que el alba me sorprenda escapando!

Se llora a la espera de que crezcan las rosas
y se llora al dejar el rosal abandonado.
Como redes crecieron, crecieron como esposas
y yo por no dañarlas las seguí cultivando.

Extiende tus alas oscuras y sedosas
ábreme tu cuerpo frío y desvelado
que te quiero sacar del misterio en que reposas
quiero desnudarme de mis lazos a tu lado.

Pero voy a dejar a mis tristes mariposas
y a la selva de recuerdos que tanto he cultivado
voy a dejarles mis manos, sangrantes y celosas
sólo porque las cuiden, en mi ausencia, del pasado.


VII

Incierto tiempo que los árboles deshoja
enfría el cielo y el crepúsculo prolonga.

El lago tiembla, canta y se sonroja
el lago espera tenerme entre sus sombras.

Eran pocas las veces en que te buscaba
como si supiera que infinito es pocas veces.

Podría ser un sueño que hoy te marchas
pero no, no sería entonces esta noche tan leve.

Hoy no es un día, hoy no corren las horas
hoy es cada vez que pude verte.

Nos acercamos para poder alejarnos
como los fríos y azulados trenes.

Cae un pétalo, en silencio, sin movernos
le pregunto ¿las flores también mueren?
y con el mismo silencio me responde
comenzamos a morir cuando nacemos.

Baja al lago profundo la profunda luna
el lago espera, para siempre, inútilmente.

El otoño y tu partida me habrán vuelto
a los mustios y desiertos andenes.

Estaré solo, inmóvil, esperando
mientras crezca el invierno indiferente
y un día, como todos, que no llegues
contaré lo pobre y vacío que he quedado.


1982
I


¿Qué puedo decirte?
que eres nardo luz y oro
y creces, creces, creces cantando
y cantando vas verde creciendo.
Y es malva y celeste la tarde
con un vuelo de jazmines y de incienso
es casi vivo el silencio...
¿Qué puedo contarte?
que dormitan los pinos con el viento
se encienden y arden
que el momento es eterno
¡y eres nardo verde y oro
y creces, creces, creces cantando
y cantando vas siempre creciendo!
¿Qué puedo quererte?
Sí, te quiero, y es que el verso
en este sur, este universo
es vida vuelo presente
es rebelión y yo te espero
con las manos cantando desde el suelo
con la tierra sugiriendo siempre.
Ah estrella, puedo verte
todo lo blanco, lo nuevo lo todo
pero te niego, y cierro los ojos
y lo blanco todo, todo lo leve
es nardo, nieve y lo deshojo
como estrellas por dentro
y las lloro
pero tú...
tú eres ala, luz y oro
y creces, ríes, creces cantando
y cantando vas, verde, riendo.


II

¡Tanto te he esperado
y llegaste tanto!
Cómo he deseado la sencillez
de tus crepúsculos largos
todo malva jazmín y oro
y tu belleza, tierna y tanta
sobre mis húmedos ojos.
Cómo he soñado la desnudez...
igual de desnudo que el campo
todo en flor, todo estallando
siempre tanto en mí y en vos.
Pero sos inmensa y frágil
fresca, verde, brisa, estrella
sos tarde azul profunda
y me colmo, me inflamo, me llena
y me derramo.
Las lágrimas son miel, rocío son
¡cómo las he madurado!
Me cubren, luz y almíbar, toda la piel
que me ha brotado de lirio y laurel
por querer abarcarte, correr, besarte
los brazos abiertos
por querer estar siempre despierto.
Y sos infinita
como el lago, como el cielo
el siempre, el retorno, el momento
sos el oro efímero, el supremo
ser que embellecer reclama.
¡Tanto te he esperado!
y hoy te vi, vi que llegabas
y el júbilo pudo más
me hinchó, me inflamó su llama
y en el aire rojo y sol
que débilmente me alza estallé.
Cómo te he deseado
y hoy te amé, primavera
hoy me amas.


I - Hija del Sol

¡Concede, que la tierra lo reclama!
y lo reclama la tarde
y el oro de la nube en la mañana
y el color que en la rosa arde,
lo pide la voz del río, que canta
y el torrente celeste de las aves
el lirio, el laurel y el malva
el verso leve y el grave
el mar y el cielo, la nada
la soledad, la brisa suave
si hasta la misma noche lo reclama
¡concede!
y consiente que yo reclame.

Convocó el Sol toda su magia
y se mostró, y nos miraba
yo clamaba, y nos oyó.

El cielo abraza y la tierra pide.
Cien mil miembros de luz desnudos
se inflaman se encienden viven
le mojan el verde, la desvisten
y en el vientre son como lirios profundos.

La tierra pide y el cielo es suyo.
¡Ay amores! se humedece, gime
se abre, se agita y el profundo
seno recibe como a la luz lo oscuro.
Trueno y arrullo, culminan y conciben...
Te conciben.


II - La Luna Blanca

Frágil y hermosa, lágrima
pétalo suave, furtiva gaviota
profunda, tierra y luz, serena
transparente, arena, oscura
mar, blancura, noble, madera
noche, eterna y pura
hermana y amiga, cobre
nombre, silencio, sonrisa
no puedo hablarte pero te canto
y no me ves y entretanto
nazco, hombre, de tu sed.

Y me abro como una primavera
tu boca un damasco
la tarde sonrojada nos contempla
y tu piel en mi piel hace verano.

—¡Ah la luna, qué blanca blanca!
descalzo, plata, la transito
y me siembro para esperar el rocío
y otra vez el frío me reclama.
—¡Ah la soledad, qué blanca blanca!
me alarga la sombra oscura
hasta la tierra azul donde murmura
escondido tu corazón de tierra.
—¡Ay la blanca espera, ay tu sombra blanca!
Se me ha enterrado la razón
y el corazón se me ha enlunado.
Delirio que gira, crece, vuela
—Ah si no fuera por esta luna
que me canta canta
sí, te habría amado.


III - La Tarde

La larga arboleda de tilos
es un sembradío de catedrales.
Lejos, pasea desnudo el hastío
y más lejos aún
el cielo es tan rojo que arde.

—¡Clamor, clamor, espera!
mis manos están quietas
¿es que acaso no están vivas
tan vivas como una selva?
Es una historia el jardín
y el jazmín es un poeta
¿dónde hay tarde, confín, mujer?
Cierto lazo de glicinas me rodea
cierto beso de racimos me da sed.

—¡Quédate corpúsculo, y ámame!
Zumbido luminoso, ríe, vuela
¿no será la muerte esta embriaguez?

Se me arraiga por el cuerpo, se me pega
la hiedra verde del verde atardecer
mientras anclada la luna me pasea
por un ínfimo relieve de mujer.

—¡Corpúsculo, no crezcas, quédate!
Zumbido luminoso, vuela, ríe
¿será acaso la vida soñar, correr?

Le quiebra el sol al lago en mil cristales
la alameda, hecha una inmensa platería
y es el aire la sangre tibia del ocaso
que bebe la glorieta -está encendida-
Te has quedado, calma esencia
te has quedado dormida sobre el húmedo verde
y yo igual, inmóvil, como siempre...

—¡Ay tarde, que todo lo comprendes!
¿para qué dura la vida?


Incesante Tristeza

Carmesí, púrpura y turquesa
oro, malva y amarillo
azul, celeste, blanco brillo
y una sed insaciable de belleza.

Pinos y álamos, sauces
laureles y manzanillas
como fértiles orillas
donde el sol vierte sus cauces.

¡Ay crepúsculo, que haces
guirnaldas en las jarillas
hoy no apagues tus semillas
de encanto y versos en trances!

Eres el cuadro que apresa
fresco, claro y sencillo
como en un viejo castillo
a mi incesante tristeza.


Laura
(la de la leyenda)

La tarde quieta y acallada
como el tenue rumor que hoy enmudece
me vio llorar sin sentido
porque un cántaro roto sobre el río
confunde su pobreza en el torrente
y el verde cantar de cada fuente
fluye desde el alma en cada olvido
porque he visto un nido en aquel pino
y al rocío constelando la mañana
porque siento a la tierra que me abraza
y mis manos le responden con un grito
porque todo lo que falta es un camino
hoy comprendo mi vacío de esperanzas.
Se ha quedado el ocaso enrojecido
de sangrar soledades consumidas.
La frescura de las flores campesinas
en la luz temblorosa que ha nacido
es fuente del clamor que me cautiva
indeleble, en un amor como de niños.
Desde que veo una luz en ese brillo
ya no son tristes las lejanas golondrinas.
Desde que el alma festeja haber nacido
tiene la voz profunda que quería.
Siento sed del agua que faltaba
antes de ser mujer mi poesía
y lentamente está llorando la roldana
porque estallan la distancia y mi alegría.
Es un nombre, que yo mismo me escondía
cuando el cándido silencio lo insinuaba
y quizás es que la tarde está callada
o la suave llovizna que se escarcha
escalofría mis recuerdos desvelados
pero suena un eco, muy lejano,
que te nombra con la voz de una cascada.

Me ganará el tiempo y entonces
el otoño irá cegando mis hojas
y el alma advirtiendo la noche
lentamente ordenará las que escogen
el recuerdo, la penumbra y la sombra.
Se tornará incierto lo que asombra
y el verde canto que desbordas
se detendrá en su camino.
De lejos tu silencio y lo que otorga
ha de nombrarme sin saber por qué motivo.
Yo estaré apagando mis luces
con el aliento leve, madurado
una a una, apenas titilando
morirán la prisa y la vieja pesadumbre.
Haré cantar mi profundo silencio
cuando el río apacigüe su corriente
como flores que en la brisa se conmueven
serán los días y las noches de ese tiempo.
Volverán así perdidos ecos
a poblar de vida la penumbra
y una luz en el umbral vacío y seco
con la inmóvil imagen del reencuentro
te traerá, y serás mi última luna.
Me llegará el invierno y entonces
en el último estertor de la poesía
volverá tu sonrisa confundida
a traerme sus dilemas y sus voces.
Cuando el alma vaya quedando vacía
soñarás empurpurando los ocasos
con tus últimas palabras, infinitas.
Sobre doradas colinas campesinas
dormiré, seré una lágrima en tus manos.